MANIQUEÍSMO POLÍTICO

Me gustaría compartir con vosotros algunas ideas simples de Leon Prust que pueden ayudarnos a esclarecer algunos conceptos. Pero no sin antes mencionar la otra idea que plantea el filósofo francés Gilles Lipovetsky.

En esta “era del vacío” tal y como la denomina Lipovetsky, el individuo vive en una sociedad donde el papel de la imagen se ha convertido en un icono, rodeados de una pantalla global(ordenadores, teléfonos móviles, televisores,…), una pantalla que ha roto el discurso narrativo continuado a favor de lo plural e híbrido, sin forma definida y con total heterogeneidad. Se ha redefinido el concepto de cultura poniendo el acento en la formación de la misma a través del capitalismo, del imperio del hiperindividualismo y de la tecnociencia. El individuo está alineado, aletargado y absolutamente desmarcado de ideales. Al individuo hoy narcisista solamente le importa su aspecto, su casa, su coche, su cuerpo… El individuo se ha olvidado de pensar, de razonar…¿para qué?, ya está todo hecho. Ya está todo terminado. Es perfecto. No se puede hacer nada. Inmerso en una mentira global vive regido por un patrón de comportamiento que considera único.

Es hora de despertar.

“Existe una malversación de los idiomas que se observa, principalmente, cuando se trata del uso de ciertas palabras aplicadas a la política. Una de las más recurrentes, en el momento en la que los dirigentes se llenan la boca con ellas, es la palabra democracia. Es probable que, en el momento en el cual fue creada, tenía un significado más específico que con el que se lo usa actualmente.

Democracia significa, literalmente, gobierno del pueblo. Más precisamente, gobierno del pueblo a través de sus representantes elegidos libremente, sin coerciones y por mayoría, ya sea propia o mediante alianzas entre grupos con cierta afinidad.

Pero Democracia también significa una forma de vida basada en la sumisión a leyes establecidas por consenso, leyes de respeto y cuidado de la vida, a la diversidad de opiniones y, fundamentalmente, a la libertad dentro del marco legal preestablecido.

Por eso es un sistema completo que no puede tomarse solo por sus partes.

Ciertos grupos políticos creen que, solo por haber sido elegidos por una mayoría relativa, están lo suficientemente validados como para quebrantar, no solos las leyes fundamentales del sistema democrático, sino también su espíritu, por lo que es evidente que tomar el todo por una de sus partes, desvirtúa la totalidad del sistema.

Hitler, por tomar una figura emblemática de esta deformación, fue electo por la mayoría del pueblo germano. O sea que desde este ángulo del sistema democrático, su legitimidad fue inobjetable. Pero una vez en el poder, desechó todo el espíritu del sistema y, entonces ocurrió lo que ocurrió.

El marxismo, justificado por excesos provocados por una distribución asimétrica del producto económico, quebrantó las leyes y el espíritu de este sistema, mediante un sofisma: si las grandes mayorías de los países, están formadas por las clases más empobrecidas y obreras, no hacen falta elecciones y, por consecuencia, instaló la Dictadura del Proletariado, llamándola la Verdadera Democracia y, rasando por lo bajo, eliminó una sociedad de tres clases sociales, convirtiéndola en otra de solo dos: la clase dirigente y la obediente. Es cierto que hubo diputados y cámaras elegidos libremente por el pueblo, pero eran dirigentes que no podían sacar los pies del plato, como tampoco podían hacerlo los electores. Lo que se llama pensamiento único.

La implosión de la Unión Soviética no fue aceptada por sus admiradores como un fracaso del sistema sino por debilidades humanas y la influencia nefasta de su principal enemigo: los Estados Unidos, capital y emblema del sistema que combatían. A pesar que no tuvieron ningún reparo en unirse a ellos y recibir toda la ayuda material que necesitaron cuando hubo que derrotar al nazismo.

Desde el derrumbe de la Unión Soviética, las nuevas camadas de jóvenes adoctrinados en izquierdas trasnochadas, tomaron a los Estados Unidos como blanco de sus ataques y diatribas y, por consiguiente, a todos aquellos países que ese país ayuda.

Existe también otro prejuicio incubado en el pensamiento antijudío. Cuando los Estados Unidos necesitaron poblar su vasto territorio y llamaron a todos los inmigrantes a hacerlo, fueron tres mayorías las que ocuparon los primeros lugares: la italiana, la judía y la china. Por supuesto que estas corrientes trabajadoras, amparados por un sistema que permitía el trabajo duro y en libertad, crecieron económicamente y, sus descendientes, como nativos del país, alcanzaron posiciones políticas destacables. Nadie en el mundo habló jamás de una América del Norte italiano o china a pesar de que figuras de esos orígenes alcanzaron altas posiciones en la política y la economía, pero los antisemitas solo acusaron a los judíos de haber copado al país y a Israel de ser un satélite de los Estados Unidos.

Entonces por una simple regla de carácter transitivo. Si los Estados Unidos son el emblema del capitalismo y apoya al Estado de Israel, entonces los enemigos del país del norte son también enemigos del Estado Judío. Todo esto a pesar de que tanto los pensadores que forjaron la idea de un estado judío, como sus ejecutores, salieron de las filas del socialismo y que, en la actualidad, Israel tiene y tuvo desde sus inicios, una fuerte connotación social en su estructura.

El socialismo tiene una flexibilidad que le permite un rango que va desde el duro al blando, siendo un ejemplo del primero, la férrea dictadura de Corea del Norte hasta los democráticos países del norte europeo donde la redistribución de la riqueza se efectúa desalentando, a través de los sistemas impositivos, la acumulación excesiva del capital.

Todo esto no tiene ninguna validez para entender al ultraísmo islamita que encarna el grupo Hamas. Pero sirve para explicar el inconcebible apoyo que le brinda una izquierda errática, a esta rama delirante del islamismo, bajo la máscara de una reivindicación nacional.

Si para el socialismo trasnochado, los Estados Unidos son el emblema del mal, cualquier país que sea apoyado por ellos, recibirá igual repudio. No importa si lo que defienden está en las antípodas de su pensamiento filosófico y tiene más semejanza con un nazi fascismo como el hitleriano que con el marxismo que los fundamentó. El blanco son los Estados Unidos y sus amigos.” Leon Prust

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