Escuchando isótopos

En múltiples ocasiones he mencionado la base del sonido. Enrarecimiento de moléculas de aire que vistas a través de un osciloscopio se vislumbran como ondassinusoidales con variaciones de frecuencia. Ese, es su fundamento. Las frecuencias conforman el universo, las vibraciones estelares, la luz, el sonido, todo lo que vemos y percibimos posee una frecuencia determinada y en función de los valores de esas frecuencias, lo detectamos a través del oído, la vista, la piel…o cualquiera de nuestros sentidos. Es común conocer que el umbral de frecuencias que escucha el oído humano abarca un ratio de 20hz a 20khz, más o menos y que se va reduciendo a medidad que crecemos por un fenómenos natural llamado presviacusia. Pues bien, las frecuencias visuales tambien existen y como tal, cada color lo podemos percibir porque la luz se inyecta en los elementos y vibran a una frecuencia determinada. Uno de los elementos más difíciles de sentir es la radioactividad. Tras catástrofes como la de Chernovil o lo que recientemente ha ocurrido en Japón, se han usado medidores de radioactividad, al igual que hay medidores de luz o de sonido. Sin embargo, una de las características fundamentales de la radioactividad es la dificultad para sentirla. ¿Cómo percibir si estamos en un campo de radioactividad alto en un país peligroso? Es abstracta, como el aire, no se huele, no se toca y hasta hoy, creíamos que no se podía escuchar. Sin embargo, nuestra relación con la radioactividad es mucho más estrecha de lo que pensamos. Estamos expuestos diariamente a radiación, y si bien podemos medirla o detectarla, nuestros sentidos no nos permiten saber que está allí. En un intento por cambiar eso, el DJ Axel Boman y la Agencia de Seguridad Nuclear sueca KSU han unido fuerzas para crear una forma de convertir en música a la desintegración de los isótopos. Los resultados, son más que interesantes.

“La explicación técnica del proceso habla de una simulación del proceso de desintegración atómica. Se despide un fotón gamma por cada fase de la pérdida energética, la energía del fotón es interpretada como el tono de una nota, y el fotón toca la nota cada vez que esto sucede. Cada isótopo tiene una firma única, lo que prácticamente garantiza la diversidad sonora.

El resultado por sí solo es impresionante. Lejos del sonido agresivo y áspero de la Radiación de Fondo, los isótopos entregan algo mucho más atractivo a los oídos, a pesar de su aparente simpleza. Lo mejor de todo es que la “Orquesta Radioactiva” tiene una página Web, en donde podrás escoger hasta cinco isótopos (no todos están disponibles por falta de datos), cambiar valores como el tono y los BPM, y experimentar con ellos. La intención es que eventualmente esto llegue a tener su propio CD con canciones, y aunque eso dependerá exclusivamente de la habilidad del DJ, el saber que ha utilizado como base a la desintegración de isótopos, le da ese toque extra que nos haría escucharlo.” Ahí tenéis la demostración.

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