Me silba el desasosiego

silbaMe gusta bastante silbar. Lo hago por la calle mientras camino. A veces en la ducha. Otras veces en el gimnasio. Muchas veces no por el placer de escucharlo…sino por sentirme capaz de apretar los morritos, expulsar aire, y sentir como se escurre entre los labios…es casi como si yo misma me convirtiese en un oboe.

Silbar me gusta tanto como tararear. No, espera, me gusta más tararear. O no, quizás lo que me más me guste sea “nanear”. Para mi nanear es cerrar la boca juntando los labios y decir la letra “m” dejando que el aire se deslice por mi nariz. Como hacen las mamás cuando están cocinando. Pues eso. Me gusta mucho hacerlo.

También me gustan mucho los trabalenguas y juntar palabras que en principio son cacofónicas y no pueden decirse una detrás de la otra. O leer poemas de esos que juegan con las eses mientras hablan de las abejas para hacerte entrar en contexto…y también imitar a caballeros españoles hablando castellano antiguo y esdrujuleando todo lo que pueden…

Me he acordado de esto, porque mientras comía hoy al mediodía, entre cada crujir de los picatostes que mordía,  mantuve una conversación muy breve sobre palabras que “gustan”. Mi palabra: “jugoso”, es la que me hizo derivar en toda esta serie de pensamientos cuando me encontré allí, ya sola. En mi cabeza; en mi mundo.

“Jugoso” juega con la doble fonética de la jggjj (ya sabéis), y me parece que es una palabra cuyos fonemas me hacen pensar en algo…esponjoso y eso… jugoso, como por ejemplo en un bizcocho. Por eso, los “chasquis” se llaman así,  ¿no?, porque en la boca hacen: “chas” “quis” mientras los crujes. Pues así con todo…

Sin embargo, es muy curioso que la persona que se sentaba enfrente de mi, y cuyo origen no es español, encontraba curiosas otras palabras completamente diferentes como “desasosiego” o “hallar”.  En cambio la persona que estaba a mi derecha no conseguía pronunciar con total soltura “energúmeno”.

Y este “energúmeno” fue el auténtico causante del inicio de la conversación y el hilo conductor de todos mis pensamientos. Terminé de comer, y volví silbando al trabajo mientras “naneaba la nana de Latika”.

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