El atlas de las nubes

Se me acumula el trabajo cuando llevo varios días sin escribir. Acumulando pensamientos en mi cabeza y enlazando unas cosas con otras. Luego, aquí, en silencio, resulta muy complicado ordenar los pensamientos y encontrar el origen de todo. En todo caso, como es mi blog, voy a contarlo como me dé la gana.

Melodía

Hace unas semanas fui al cine. Con Juan. Fuimos a ver, a petición mía, “El atlas de las nubes”. Cuando vi el trailer de esa película por primera vez se me puso la piel de gallina. Dije: vaya, todas esas cosas en las que creo, reunidas en una película. Halle Berry, Tom Hanks…bah, en principio, como mínimo, debe de ser interesante. Pues bien, sí lo fue. Pero, considero que no consiguieron atraer al espectador como deberían o, por lo menos, la historia tenía tantos frentes e historias y personajes que, muy a mi pesar, no consiguió rellenar el cubo de expectativas que me había llevado a aquella sala. No os equivoquéis, no soy una spoiler, pero me decepcionó la manera de contar la historia.

Hago aquí una pausa después de tremendo fragmento sin respirar. Sin embargo hay una cosa que sí supieron contar. La historia de una melodía que funciona como leimotiv de la película. Una melodía que es lo que vincula a todos los personajes. Da sentido a las historias paralelas; encaja como patrón dentro de las escenas. Una melodía que es la protagonista de alguna historia y que además da el nombre a la película.

Se me antoja pensar que no es una casualidad. Que finalmente la película tenía que dejarme un reducto de esperanza. ¿Acaso podía la intuición engañarme? De eso nanai. De repente la melodía lo encaja todo como un hilo de coser. Se cuela por entre las vidas de los personajes como el aire. Es un pegamento que liga todo aquello que rodea, empapa el contenido y lo monta como un puzzle. Pero de manera muy sutil, como las críticas de los periódicos a los partidos políticos que los subvencionan.

Al fin y al cabo la música es un lenguaje universal. Eso, que no lo dude nadie. Y no sólo lo digo yo. No soy sólo yo la que repite una y otra vez que la vida es una melodía cuyas notas somos nosotros y que nosotros marcamos el ritmo, la entonación, la resonancia, la disonancia, la intensidad. ¡No hay mejor símil! ¿Os dáis cuenta? Probablemente, en mi boca parecen chaladuras. Pero según mi recorrido vital, cada día más circunstancias o momentos hacen crecer esta idea.

La música, es un lenguaje. Por supuesto. Y como tal, se escribe, se lee, se interpreta, se estudia, se corrige, etc. Lo dice el señor Punset en su último artículo publicado en en Semanal. Ah, entonces ahora sí. Como lo dice él, ya está, “va a misa”. Os recomiendo leer su artículo, pero aún con las explicaciones que él facilita y su verborrea tan particular, no muestra tanta pasión como debería, porque es una adicción fascinante. Es una corriente de aire que atraviesa el globo de manera libre; que está por el ahí resonando y que nos hace cambiar la perspectiva de las cosas. La música es esa droga dura que te acompaña toda la vida, no te puedes desenganchar y tampoco quieres. Nadie te lo va a reprochar nunca y como toda droga, te hace viajar a otros lugares.

Hoy, bajo la lluvia y el vendaval, estaba escuchando ésto y de repente, un rayo de sol se abrió paso entre las nubes (haciendo un esfuerzo importante). Eso, sólo eso, cambió el resto del día. Enjoy it.

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