“Lo que quiero ahora” y la melodía del texto

PalabrasCuando las palabras salen del corazón, se aprecia. Se huele, se palpa, se detecta, se percibe, se ve. Cuando las palabras salen de dentro se hacen pausas; se repiten cosas; se mira a los ojos; se paladea cada letra y se exhala cada significado.

Es muy agradable escuchar a una persona que se expresa bien y lo hace de manera limpia; porque cuando es así, la melodía del texto se desliza por la boca hasta el oído ajeno como un torrente de agua.  La voz se convierte en el instrumento y el canal, amigos, es el mismo: el aire.

Leyendo un texto esta tarde me he emocionado. Las palabras del texto están hiladas con sentimiento y las comas y los puntos, las negritas y los acentos, constituyen un TODO armonioso  que hace perecer a la lágrima guardada. Leer con sentimiento no se puede hacer si lo escrito no ha sido hecho con ese sentimiento. Además, y esto no es fortuito, la persona que me dio a conocer el enlace: Xavier Fonseca, es un trovador de la palabra. Un gran ejecutor periodístico que en muy poco tiempo en un cruce de esta vida, se ha ganado mi respeto, como persona y como artista. Al igual que algunos otros compañeros periodistas de mi quinta que, a pesar de no tener muchas arrugas, tienen una labor de redacción que viaja del corazón de unos a la piel erizada de los otros.

Pues bien, perdonad que hoy me dedique a la sonoridad de las palabras. Quizá hoy sea un día muy sensible para mi y por eso me ha afectado de esta manera. No obstante, os paso el fragmento que Ángeles Caso que me ha despertado varias sonrisas y alguna lágrima. Espero que lo disfrutéis:

                       Lo que quiero ahora

 Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida. (Leer más)

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