El ‘clac’ de la Olivetti

mecanografíaA punto de terminar este año 2014 he de confesar dos cosas. La primera es que, cuando era yo una enana, me veía a esta edad ya casada, con hijos y sabiendo calcetar. Ahora que aquí me hallo, ni tengo hijos, ni estoy casada (aunque sí enamorada), ni sé calcetar.

La segunda cosa que debo confesar es que ronda en mi cabeza la idea desde hace algunos años de llevar todas mis pájaras mentales a una narración global. Osea, un libro. Escribir un libro no solo es una tarea complicadísima a nivel narrativo y por una cuestión de tiempo, sino que tiene un fuerte componente de constancia que a mi, en términos generales, me falla. No soy constante en la mayoría de las cosas que hago y la razón principal es que soy inquieta y me aburro con facilidad cuando llevo un tiempo con ellas. Me pasa con las aficiones, con el trabajo, …menos mal que no me pasa con las personas.

Esto es un problema importante porque si me pongo a escribir esa novela que tanto me ronda la cabeza, no tengo garantías de que vaya a finalizarla. Me veo a mi misma con la edad de Jéssica Fletcher usando la máquina de escribir para contar la historia interminable.

Me vienen a la cabeza dos cosas. La primera es que quizás debo de comenzar a escribir historias incompletas. Quizás sea el formato de escritura del futuro y yo una visionaria… y por otro lado, el ruido de la Olivetti.

La mía era verde, un verde que soñó con ser turquesa y se quedó más cerca de la hierba. Estaba nueva, sin un rallado y aprendí a usarla con pegatinas de colores en las teclas. Son esas cosas que se les meten a las madres en la cabeza de que tienes que aprender mecanografía…y menos mal porque, de no ser así, no podría escribir este fragmento antes de irme a dormir. Sonaba super fuerte, pero era de las más modernas y para pasar de línea apenas hacía ruido. Aún así, comparado con este teclado portátil, sonaba como un día de San Martiño en la montaña lucense.

Con ese panorama, muchas veces me imaginé el sonido de la redacción de un periódico o de una radio. La cantidad de teclas haciendo resonar las paredes sin que, aparentemente, nadie se diera cuenta. Miles de hojas de papel moviéndose ligeramente hacia la izquierda y luego de repente a la derecha y venga otra vez. Ese ruido que hoy llamamos sonido y que posiblemente para los más puristas se convierta en melodía, solo se apagaba con el error, el ‘típex’ o la hoja final.

En mi caso, como llegar a la hoja final se convierte en algo harto complicado y amigo de la tarea imposible, buscaré la manera de mitigar los errores con típex. O lo que es tan cómodo ahora que es una flecha que marca un retroceso, y vuelta a comenzar, de manera invisible. Eso sí, con mucho más silencio y menos personalidad, hacer borrón y cuenta nueva.

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3 comentarios en “El ‘clac’ de la Olivetti

      1. Sí, pero fai tempo e foi unha relación cordial soamente. Que non haxa confusión: alégrome moito que estés namorada pero non puiden evitar a tentación de rendirte homenaxe a forma na que ti eres e que tanto me embelesou.

        Deica outra.

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