Libertad que no puede ser robada

Cadena perpetua frameDe igual manera que no está de más leer el mismo libro en distintas etapas de la vida, tampoco está mal ver las películas una segunda o tercera vez. No solo si la película es compleja y no la has entendido, sino también por recordar aquellas cosas que casí habías olvidado. En mi caso he tenido una de esas sensaciones de que tenía que volver a pasar ese momento.

Sucedió hace unos días, quizás una semana, viendo en la televisión, una vez más, Cadena perpetua. Es una de esas pelis que puedo ver una y otra vez y nunca me agota. Me encanta. No solo por la sutilidad y la elegancia de la trama y de cómo se desarrolla, sino porque creo que los personajes no podrían estar mejor elegidos.

Pues bien, llegados a un punto de la narración que muchos de vosotros ya conoceréis, ocurre que nuestro protagonista (Tim Robbins) a pesar de las perspectivas de ser torturado y después de estar muchos años encerrado y sin perspectivas halagüeñas, pero, aún así, manteniendo despierto su sentido del buen hacer y su sensibilidad por la vida, hace lo siguiente:

Dufresne, lejos de abrir la puerta, le dio más volumen a aquella ópera majestuosa y convirtió por un momento, el aire de la prisión en un canto a la esperanza. Eso, le costó caro.

Se trata de una secuencia maravillosa, mi preferida de esta película. Es una magia que se despierta en el celuloide porque se aparta del bien y del mal para hablar de lo universal.

Tiempo después, pocos años, veíamos a Roberto Benigni haciendo un guiño a este momento en La vida es bella. Un momento, dentro de la narración, que no solo suponía compartir música con un patio de judíos encerrados en un campo de concentración, sino que era un acto de comunicación entre el protagonista y su amada que tenía una codificación muy concreta. (a partir del seg. 48)

Ambas son óperas…que como su origen etimológico explica están diseñadas para obrar, para operar, para ser representadas, invitan a actuar…. Y ambas están escogidas en momentos clave de la película en las que la narración pide que se actúe ya, previas normalmente a un clímax que ya se huele…

Casi había olvidado estos momentos… pero se trata de instantes que van de la mano. Ambos están compuestos por melodías que llenan los muros fríos de la cautividad con toneladas de libertad que no puede ser robada.

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