Profunda muerte sonora

Dorian se adentró en aquel bosque agarrando fuerte su chaqueta para que el frío no penetrase hasta el pecho. Caminaba rápido, quedándose sin aliento. El vapor exhalado de su boca era el único atisbo de movimiento en la penumbra. Uno, dos, tres, cuatro. Otro paso. Mira hacia atrás. Miedo. No se ve nada. Hoy la luna de tan nueva está ausente, no ayuda. Sigue mirando hacia el frente, abajo, arriba. Huele a musgo, a humedad. Las lechuzas vigilan desde las alturas. Veo brillar sus ojos mientras acelera el paso. En un minutos tropezará y habrá sido una roca quien apague cada uno de esos pasos. Su miedo habrá terminado. Apagaré su llanto, su aliento y el brillo de su mirada. He llegado para frenar su paso y su agonía. Las emociones y el calor. Estoy aquí para poner fin a su aventura.

Llevo días escuchando a Agnes Obel y me van surgiendo pequeñas historietas en la cabeza.

Es como si toda su música infinitésimamente instrumental, dulce y sosegada fuera la banda sonora de pequeñas-grandes historias que acaban en muerte.

Es como si la propia muerte escribiera historias de vidas que por una u otra fortuna terminarán siendo cortas. Si pudiéramos entrevistar a la muerte probablemente ella justificaría cada una de sus fechorías y seguramente tendría una idea muy divergente de lo que la justicia significa. Muerte negra, lenta y astuta que suena a ritmos de piano, violoncellos, violines, contrabajos y una voz muy cómoda para deslizarse por los oídos. Es suave y se tararea fácil en el metro. De verdad que me ha pasado. Es profunda y oscura pero como si esa oscuridad melancólica tuviera todo el sentido dentro de cada una de las narraciones musicales.

Os invito a escuchar estos paisajes sonoros desde los Late night tales pasando por Aventine y sus primeros filarmónicos. Un acertadísimo placer auditivo para una tarde de viernes; para volar un rato y crear historias imposibles de muertes que no existen. Para creer durante unos minutos, que sois la muerte y tomar decisiones. Porque quizás sea a ella a quien debamos el placer arbitrario de seguir vivos. Si alguna pequeña narración os viene a la cabeza, por favor, compartidla conmigo. 🙂

PD. Los que recibís un mailing no veis los enlaces a los temas, por favor, acceded al blog para poder escuchar.

 

 

 

 

 

 

 

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