Música para recuperar la fe

Llevo meses pensando en escribir este post pero la pandemia no me ha dejado. El detonante para escribirlo ahora, de una manera extraña y sorprendente, es la muerte de Diego Armando Maradona. No está en mi ánimo hablar del futbolista pero sí del fervor que suscita. Por eso, en estos días mi atención estaba puesta en el pueblo argentino y lo fascinante de su reacción y la atribución cuasi-religiosa que rodea al futbolista. Millones de personas en las calles llorando, gritando, rezando…sin mascarillas…(no, no voy a entrar ahí).

Mientras, se sucedían las reacciones en Nápoles… donde la respuesta ha sido similar…y al ver esto, mi pensamiento se dirigió a Voiello. Capricho del cerebro. Acto inmediato. Ángelo Voiello, el personaje de la serie “The Young Pope”, cardenal interpretado por el italiano Silvio Orlando que es un tifoso del calcio italiano, concretamente del Napoli. Un hincha azzurro en el Vaticano que hace un papel impresionante y que refleja el fervor futbolístico del director de la serie: Paolo Sorrentino.

Pues es de Paolo de quien he venido a hablaros hoy y más concretamente de la banda sonora de esa serie: The Young Pope.

No voy a detenerme a hablar del simbolismo de Sorrentino porque hay blogs de cine que ya se dedican a eso mucho mejor que yo. Pero sí necesito hacer una revisión de esta banda sonora donde pueden convivir arias, requiems, pop, baladas y hasta la electrónica más moderna.

El universo de Sorrentino hace que me reconozca a mí misma y me reconcilie con el ser humano. Un hombre al servicio del Dios no tiene por qué renunciar a la pasión; podemos tener momentos para la sensibilidad en los contextos más pueriles y ¿por qué no? pensar sexualmente en los momentos más inadecuados.

Sorrentino tiene la capacidad de hacer cócteles para el paladar que parece que no te van a gustar, pero que luego tienen todo el sentido. Siempre terminas diciendo ¿Por qué no? Salirse del canon. Poner luces de discoteca en una capilla y luego ver al Papa caminando sobre una base de guitarra eléctrica y rodeado de mujeres semidesnudas.

Lo mejor de todo esto es que lo traslada al espectro sonoro:

La mayoría de la obra compuesta por Lele Marchitelli es ecléctica y con un alto componente narrativo. El uso de un modelo instrumental muy simple, carrillones, bases electrónica repetitivas en escalas bajas o la simplicidad de un piano y un violoncello generan una atmósfera de sentimiento fuerte y acompañan el hilo conductor de la trama de manera muy eficiente.

No obstante, los puntos de inflexión musicales son las guindillas de la serie. Estamos en el Vaticano, contando la historia de un papa, en un contexto religioso y místico que se sienta a la derecha de Dios pero aún con esas…

…Paolo no lo puede evitar. Tiene que trasladar lo sórdido, lo jocoso, lo lascivo del ser humano. Esa especie de desobediencia se traslada en forma musical con grandes melodías tan inesperadas para el espectador que rozan la insurgencia pero terminan por acomodarse. Como cuando compras un colchón que al principio está muy duro pero pasadas una semanas no podrías vivir sin él.

Aquí van algunos ejemplos:

Y al mismo tiempo conviven dentro de todo este universo temas como estos:

Y se suman experiencias musicales profundas y alternativas como Vantzou (compositora griega que trae aire fresco a las bandas sonoras) o Richard J. Birkin:

Os recomiendo encarecidamente esta playlist que sin duda es para oídos inconformistas y cerebros hambrientos de contradicciones sonoras.

La segunda temporada de la serie, The New Pope, no se queda atrás. Entra además en juego John Malcovich…con todo lo que eso conlleva. Y se traduce así en lo musical (os recuerdo que seguimos en el Vaticano):

También hay momentos para el intimismo dentro de esta segunda temporada:

Estos son solo algunos de mis destacados favoritos. Os recomiendo ver la serie porque los temas son buenos, pero sin duda se disfrutan más acompañados de lo que Sorrentino quiere narrar con ellos. Un universo de lujuria y fe, pasión y decisiones, miedos, vida, muerte y resurrección donde, en definitiva, solo nos está contando una cosa: todos somos humanos (excepto Jude Law) 😉

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